Carta de la directora, en el día de la mujer

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Muy queridas alumnas:

  

Hoy, domingo 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer. Si bien es cierto que esta fecha conmemora la lucha femenina para alcanzar la igualdad de derechos, no quisiera aquí hablar de lucha, sino todo lo contrario. Creo que gracias al trabajo -público y privado- de muchas mujeres y también hombres, durante el último siglo, la sociedad ha logrado comprender que mujeres y hombres somos iguales en dignidad y que, por lo tanto, debemos tener los mismos derechos, oportunidades, e idéntico compromiso de construir la familia y la sociedad. Ya lo transmitía San Josemaría hace más de 50 años: “La mujer está llamada a desempeñar un papel en todos los caminos profesionales, en todas las encrucijadas del trabajo…” (Carta, 29-VII-1965) “Una mujer con la preparación adecuada ha de tener la posibilidad de encontrar abierto todo el campo de la vida pública, en todos los niveles. En este sentido no se pueden señalar unas tareas específicas que correspondan sólo a la mujer.” (Conversaciones n. 90) Hoy en día se ha avanzado bastante más en comprender que la sociedad solo será verdaderamente humana cuando ambos modos de ser humano -varón y mujer- se complementen y trabajen en conjunto, tanto en lo social, lo que se logra con la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, como en lo familiar, con la presencia activa del hombre en el hogar. 

   Probablemente a ustedes no les tocará dar una batalla como la de las mujeres de antes por sus derechos. Si bien es cierto que aún queda camino por recorrer, creo que el desafío hoy está en defender lo femenino, sin olvidar que cada mujer, al ser persona, es un ser único e irrepetible. No es fácil resumir en una o dos líneas qué es lo femenino, pero sin duda está relacionado con el acoger, alimentar, dar vida, lo cíclico: ideas que aparecen con solo ver el cuerpo femenino. Pero el desafío no es completo si no incorporamos estos valores a la sociedad actual. Acoger a los demás, lo que significa integrar a todos, procurando que nadie quede atrás, independiente de las condiciones que tenga. Alimentar y dar vida: formar una familia, pero también trabajar por que todos tengan un nivel de vida humano y que puedan desarrollarse como personas, tanto en lo material como en lo espiritual. Y, por último, lo cíclico, que nos ayuda a recordar que en la vida hay tiempo para cada cosa: tiempos de producción, pero también tiempos de pausa y reflexión.   

   Es por esto por lo que las animo a cada una a pensar qué significa ser mujer, a estar muy orgullosas de serlo, y a prepararse día a día con la conciencia de la misión que tienen en sus manos: impregnar todos y cada uno de los rincones de este mundo, desde el lugar que ustedes escojan, con lo femenino. De este modo, al encontrarse lo masculino con lo femenino, daremos vida a un mundo verdaderamente humano.

¡Feliz día de la mujer!